En Pro-air defendemos que las decisiones rara vez se toman de forma consciente. El neuromarketing lleva tiempo demostrando que el olfato juega un papel decisivo en cómo percibimos los espacios, las marcas y las experiencias. Y hay un dato que lo resume todo y que no deja indiferente a nadie: recordamos aproximadamente el 35% de lo que olemos, frente a apenas un 5% de lo que vemos. No es magia, es neurociencia aplicada al entorno comercial. Y cuando si lo entiendes bien, cambiarás por completo la forma de comunicar tu marca.
El olfato: el sentido que va directo al cerebro emocional
A diferencia de otros sentidos, el olfato no pasa por filtros racionales complejos. No pide permiso. El estímulo entra y conecta casi de inmediato con el sistema límbico, la zona del cerebro relacionada con la memoria, las emociones y la toma de decisiones. Dicho de otro modo: antes de que sepamos qué estamos sintiendo, ya lo estamos sintiendo.
Esto explica por qué un aroma puede generar una sensación de confianza, calma o familiaridad sin que el cliente sea capaz de explicarlo con palabras. No es sugestión. Es una reacción fisiológica y emocional real. Mientras la vista necesita atención, foco y contexto, el olfato actúa en segundo plano, sin ruido y sin esfuerzo consciente. Ahí está su fuerza.
Además, la memoria olfativa es especialmente duradera. Un olor bien asociado puede permanecer intacto durante años, incluso décadas. No se desgasta con la sobreexposición como ocurre con estímulos visuales o auditivos. Y lo más interesante: no compite. En un entorno saturado de pantallas, mensajes y estímulos gráficos, el aroma sigue teniendo espacio para actuar con discreción, pero con impacto.
Por eso el neuromarketing olfativo no busca llamar la atención de forma agresiva. Busca acompañar, reforzar y consolidar una experiencia. Es una capa invisible que trabaja a largo plazo, construyendo recuerdo y percepción de marca sin necesidad de explicaciones.

Neuromarketing olfativo: cuando la experiencia se convierte en recuerdo
Aquí es donde la estrategia marca la diferencia. No se trata de “poner un olor” y esperar resultados. Un aroma mal elegido puede generar rechazo, desconexión o simplemente pasar desapercibido. El neuromarketing olfativo exige análisis, coherencia y conocimiento profundo del comportamiento del consumidor.
Un aroma bien diseñado debe responder a varias preguntas clave:
- ¿Qué emoción queremos activar?
- ¿Cómo queremos que se sienta la persona en ese espacio?
- ¿Qué valores de marca deben reforzarse sin decir una sola palabra?
- ¿Durante cuánto tiempo va a convivir el cliente con ese estímulo?
La potencia del dato, ese 35% frente al 5%, no está solo en la memoria, sino en la calidad del recuerdo. Los estímulos visuales suelen almacenarse como información. Los olfativos, como experiencia. Y una experiencia bien construida influye directamente en el tiempo de permanencia, en la percepción de calidad y, en última instancia, en la decisión.
Otro aspecto es la capacidad del aroma para unificar espacios y mensajes. Mientras la imagen cambia según campañas, temporadas o soportes, el aroma puede mantenerse estable y convertirse en un hilo conductor. Es una forma silenciosa de identidad. No se ve, pero se reconoce. Y cuando se reconoce, se recuerda.
Aquí es donde las marcas más avanzadas empiezan a diferenciarse. No compiten solo por atención, compiten por huella emocional. Y el olfato, con su acceso directo al cerebro emocional, juega con ventaja.
En Pro-air trabajamos desde esa premisa: combinar ciencia, tecnología y estrategia para crear experiencias olfativas coherentes y eficaces. Analizamos el espacio, el público, los objetivos de marca y el contexto antes de diseñar cualquier solución. Porque el aroma no debe imponerse. Debe encajar. Y cuando encaja, funciona.
Si una marca quiere ser recordada, no basta con ser vista. Tiene que sentirse. Y ahí es donde el neuromarketing olfativo deja de ser un complemento para convertirse en una ventaja competitiva real. En Pro-air ayudamos a las empresas a activar ese recuerdo duradero, a construir experiencias que permanecen y a comunicarse con sus clientes en un nivel más profundo, más humano y, sobre todo, más eficaz.


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